La ciudad de Almería ha cerrado un capítulo histórico al dar sepultura a los restos de los 22 liberales fusilados el 24 de agosto de 1824; además, a José Pascual, el 28 del mismo mes; a José Ferrari y Juan Bautista Pechut, el 10 de septiembre; y Francisco Javier Bustamante el 24. Todo ellos, conocidos como “los Coloraos”, fueron ejecutados por su intento de restaurar la Constitución de Cádiz y luchar contra el absolutismo de Fernando VII. Tras permanecer décadas en paradero desconocido y localizados en un nicho sin nombre en el cementerio de San José, los restos han sido finalmente inhumados bajo el Pingurucho, recientemente declarado Lugar de Memoria Democrática, en la Plaza Vieja, lugar emblemático de la ciudad de Almería.
El acto, solemne y cargado de simbolismo, reunió a autoridades locales y nacionales. Entre ellos el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres; la alcaldesa, María del Mar Vázquez; el secretario de Estado de Memoria Democrática, Fernando Martínez; el subdelegado del Gobierno en Almería, José María Martín; delegada del Gobierno de la Junta de Andalucía en la provincia, Aránzazu Martín; el rector de la Universidad, José Joaquín Céspedes, además de altos grados militares y representantes de la asociación del Bicentenario. La ceremonia, acompañada por honores de la Guardia Civil y ofrendas florales, fue saludada por la ciudadanía como el reencuentro de Almería con su memoria liberal y democrática.
A pesar de la decisiva labor de investigación realizada por la asociación y su presidenta, Carmen Ravassa —responsable de la identificación y reivindicación de los restos—, la entidad fue excluida por el Ayuntamiento de Almería del programa oficial, no se le facilitó el rito de depositar en la fosa elementos simbólicos, ni se dio cabida al protagonismo civil que, por justicia histórica y moral, le corresponde a quienes luchan por mantener viva la memoria democrática local.
